La vida es como un rompecabezas que nos han regalado hace muchísimo tiempo cuando éramos pequeños…

…apenas recibido rasgamos con prisa el envoltorio, abrimos la caja y nos detenemos como preguntándole a los mayores y ahora que hago, desarmamos las piecitas que están apenas unidas, y el juego de nuestro futuro comienza en ese preciso momento en el que nos arriesgamos a mezclarlas, y observamos sorprendidos un montón de figuras que nos parecen desesperadamente iguales o repetidas.

Entonces, empezamos probando unas con otras, intentamos su armado, acertamos y tropezamos alternativamente con cada decisión, en cada ilusión, reagrupamos, nos desanimamos, dejamos el rompecabezas apenados, descubrimos otros entretenimientos más fáciles y divertidos, volvemos al tiempo y nos volvemos a entusiasmar cuando alguna figura comienza a vislumbrarse, y vuelta al desánimo como si fuera una adolescencia que chirriara como columpios viejos de una plaza.

Y pasa el tiempo, un tiempo en el que queda irremediablemente detenido y arrumbado en el fondo de algún ropero o de un polvoriento desván de la memoria hasta que buscando cualquier otra cosa el destino nos lo descubre con cierta nostalgia.

Y lo recuperamos con alegría y casi sin darnos cuenta nos oímos con exagerada compostura recomendarles a nuestros hijos que lo cuiden que era de cuando teníamos la edad de ellos y vemos que nos observan con miradas sorprendidas como si nosotros nunca podríamos haber sido chicos. Intentamos vanamente entusiasmarlos, nos sentamos con sus caras expectantes y serias, de pronto advertimos que nos encontramos solos, ubicados en el piso y ensimismados entre aquellos pedazos de recuerdos…

El rompecabezas tiene piezas que aún parecen nuevas y aunque no lo sean encastran correctamente una y otra vez que las necesitamos. Hay otras que en cambio han ido ajándose, de bordes doblados y cabalgados se resisten a ser ubicadas en su antiguo sitio, es evidente que producen la inestabilidad e inquietud del conjunto, algo o alguien las ha modificado.

Finalmente están las piezas que se nos han extraviado, cuando hemos ordenado, regalado, tirado o hecho limpieza entre las mudanzas, piezas que quizás hemos recuperado en algún momento y que hemos vuelto a perder u olvidar y también a abandonar agotados de sus rebeldías, ellas con sus espacios vacíos igual insisten en formar parte de nuestros recuerdos.

Y sí, la vida pienso que es eso, ese rompecabezas de piezas que hemos decidido recordar, recuperar, sostener y también olvidar.

30 de junio de 2008